González #632

carta a los estudiantes de cbu
Juan Mejía

Estimados estudiantes de Arte y Animales,

No dormí pensando en qué podría y en qué debía decirles a ustedes en estas circunstancias. No acostumbro hablar de políticos en este curso, ni en ninguno, pero los acontecimientos de la semana pasada en el Museo Nacional me impiden mantenerme callado, máxime cuando hemos estado hablando de museos y colecciones justo en las clases anteriores. Este gobierno, al mejor estilo de Hitler o de Stalin, ha decidido arbitrariamente descolgar un número importante de obras de las salas de exhibición con el argumento de que son adoctrinadoras, productos ideologizados o apologías al delito, cuando es evidente que es el gesto mismo de retirarlas el que peca de estas tres características. Descolgaron obras y objetos relacionados con movimientos por los derechos de las mujeres y de los grupos LGBTIQ+, con víctimas de la violencia política y documentos relacionados con los procesos de paz. Descolgaron obras de Luis Caballero, Lorenzo Jaramillo y Miguel Ángel Rojas, unos de los artistas plásticos colombianos más importantes del siglo xx. Desconocieron arduos trabajos de curaduría y montaje que ejecutan profesionales en la materia coleccionando, archivando y exhibiendo un conjunto de obras que constituyen el patrimonio diverso y multicultural de todos nosotros como país. Pretenden suprimir con ello la memoria de las minorías y las víctimas de la violencia que han logrado con mucha sangre, sudor y lágrimas algo de visibilidad y reivindicación, y reinstaurar un único discurso hegemónico del poder blanco heteropatriarcal cristiano, cuando ya sabemos que la realidad histórica y presente es siempre un tejido más complejo de perspectivas, y los museos tienen esa responsabilidad y esa misión de presentárnoslo.

La decisión vulnera el Código Internacional de Ética de los museos, que prohíbe subordinar el patrimonio cultural a los intereses políticos del gobierno de turno. Como dice la declaración conjunta de los museos de arte moderno de Colombia, redactada en respuesta a los acontecimientos:
Los guiones de los museos pueden y deben revisarse mediante investigación, argumentos curatoriales y diálogo público. Esa revisión exige autonomía profesional y participación de las comunidades y las personas cuyas vidas forman parte del relato. Ningún gobierno debería decidir qué podemos ver de nuestra historia según sus afinidades políticas, ni imponer una versión que suprima las demás. (…) Imponer la unificación de los discursos mediante el silenciamiento de obras, experiencias o comunidades constituye una forma de violencia. Precisamente porque permiten que las diferencias permanezcan, se expresen y entren en relación, los museos contribuyen a la paz, a la reconciliación y a la construcción del futuro de las sociedades.

Dos semanas atrás la caída accidental de la paloma de la paz de Botero un piso abajo anunció como un presagio lo que vendría para el Museo Nacional: La entrada de unos emisarios del gobierno que posiblemente nunca hubieran pisado con anterioridad las instalaciones del museo (ni ellos ni sus dirigentes), que retiran las obras y dejan vacías las paredes en un abierto acto de violencia.

Anticipándose a las protestas de sectores de la cultura y del público general, el gobierno rodea las entradas del museo con escuadrones de policía antimotines ESMAD y la paradójica imagen es la de que están protegiendo al museo de la gente, cuando es el propio gobierno el que lo ha vandalizado inmisericordemente.
Asimismo, el gobierno de Abelardo de la Espriella ha anunciado la prelación del cuidado exclusivo a las obras religiosas, y circula una alerta por la posible clausura de la biblioteca de la cancillería para ser convertida en capilla. Los espacios de la cultura hacen visible lo que ocurre internamente en las políticas de estado, de manera que se hace evidente el retroceso a los valores decimonónicos de tradición, familia y propiedad, y la anulación de los principios de igualdad de derechos adelantados lentamente por el liberalismo y el progresismo del siglo anterior y el presente. Paralelo al control de los contenidos de los museos se instala el control de lo que enseña en los colegios, en donde no voy a entrar ahora.

Estimadas estudiantes, para hoy leímos poemas de animales: El cuervo, de Edgar Allan Poe, La Pantera, de Rainer Maria Rilke, El Tigre, de William Blake. Ninguna alusión al presidente actual de Colombia. No podemos permitir que este personaje, además de otros derechos, nos robe al animal más bello del planeta.

Trato de hablar políticamente. No hablo de ideologías políticas, no hablo de política, no hablo de afiliaciones. Aunque algunos no hayan entrado nunca al Museo Nacional y aunque no frecuenten museos, solo les pido que hagan conciencia de que todo lo que se alberga en ellos es de ustedes y que se indignen ante esta intromisión como si se hubieran metido a su casa a rebrujar y sacar cosas. Como miembros de una sociedad, de un país con una historia o simplemente en calidad de humanos, a veces lo que hay en un museo es lo único que tenemos en común.

Juan Mejía
A y A, 2026

Primavera en Jalogüin
Nemo

Estaba jugando Tomodachi Life cuando de repente cambió la “estación”. Estamos en el emisferio sur, entonces llegó la primavera. Una nueva estación significa nuevos objetos para decorar tu isla, y entre esos vi calabazas tipo jack-o-lantern, y otras cosas de halloween. No entendía por qué había cosas de halloween si no estábamos en otoño. Pero recordé que como estamos en el sur, ahora es primavera y acá el halloween es en primavera. “Acá”, no en Colombia, en suramérica. Y me puse a pensar en lo gringo que es el halloween pero sobre todo de la manera en la que lo conocemos y lo queremos celebrar.

En el norte, ahorita es otoño y el halloween siempre se asocia al naranja, las ojas secas caídas, el frío (pero no tanto como para que nieve aún). En el norte decoran para Halloween, las casas, las calles, los centros comerciales, los colegios. Recoger calabazas para tallarlas es LA actividad y hay lugares específicos para buscarlas. En el norte, en otoño se pone de moda el pumpkin spice latte, se venden muchísimos disfraces que la gente luego bota, se preparan comprando mucho dulce para darle a los niños que van a tocarles la puerta y a decirles trick or treat.

En el sur el jalogüin no es una festividad tan enorme y tan importante. La cultura del jalogüin no está tan fuertemente instaurada por acá, ni es tan popular. Hay fiestas temáticas, de ir disfrazade a emborracharse y bailar. Aunque las fiestas de disfraces parecen escasas, a pesar de todo. Muchas veces son sólo fiestas normales, pero en jalogüin. Los niños a veces pueden irse disfrazados al colegio el 31, pero no es común que salgan todos de noche a pedir dulces en el barrio, y que sí les den dulces. Que se decoren orgullosamente los barrios y oficinas, que el espíritu de jalogüin esté tan presente. Hay más decoraciones de navidad tanto a la venta como en los hogares, desde incluso septiembre.

El último jalogüin que salí a pedir dulces en el barrio, nos regalaron buñuelos en una tienda, y para mí eso fue lo mejor porque ni siquiera me gustan los dulces. Yo no salía a decir dulce o truco o cantar alguna canción inventada que dijera algo como queremos dulces y noséquémás porque quisiera dulces gratis, salía porque era divertido, porque quería cumplir con la actividad clásica de jalogüin con mis hermanos. Luego les regalaba todos los dulces que había conseguido.

No era muy eficiente pedir dulces en el barrio, casi nunca daban, muchas veces no entendían qué hacíamos. Un par de veces probamos nuestra suerte en centros comerciales. Había más niños haciendo lo mismo, pero no eran tantos de todas formas.

También es algo muy específico a la niñez, el disfrazarse y salir con tus hermanos o tus amigos a pedir dulces. Es un juego. Me genera nostalgia, supongo.

El último jalogüin que pedí dulces, en general, fue a los 15-16 años en el conjunto del amigo de un amigo. Yo me colé a esa situación técnicamente, y sólo fui porque sabía que iba la chica que me gustaba, a la que igual creo que ni siquiera le hablé esa noche. Me disfracé de fantasma pero con una tela negra en vez de blanca, no recuerdo por qué. Fue muy improvisado. Me dio mucho calor y la mayoría del tiempo no fui fantasma.
Era un conjunto muy raro, parecía un barrio cerrado, todas las casas y edificios eran distintos y habia un camino que llevaba a una zona verde que era más que un parque. Me fui temprano porque me dio ansiedad y no me despedí de casi nadie. Le regalé a mis hermanos todos mis dulces de nuevo.

Mis jalogüins ahora son ver películas con mis hermanos o hacer un plansito temático con mis amigues.

Mis recomendaciones cinematográficas son:

  • Over the Garden Wall
  • Nightmare Before Christmas
  • Wendell & Wild
  • Coraline
  • Carrie
  • Ginger Snaps (1 y 2, nunca la 3)
  • Paranorman
  • Cualquiera de Scooby Doo
  • What we do in the shadows
  • The House

Feliz juagulin a quien celebre.