González #604

Un Saludo Editorial

Álvaro Cifuentes

Levántate, mira alrededor, y date cuenta que llegó un nuevo semestre. Y con él, volvemos nosotrxs, González, reapareciendo otra vez entre papeles recién impresos, correos que nadie lee completos y promesas de “este semestre sí voy a ir todas las clases”.

No sabemos exactamente qué ocurrirá estas 16 semanas, ni nos creemos capaces de predecirlo. Lo que sí sabemos es que este lugar sigue aquí, esperando que alguien lo use. González llega a acompañar este arranque con lo que mejor sabemos hacer: circular, recibir, mezclar.

Este nuevo semestre viene cargado de expectativas, cansancios heredados y conversaciones que se quedaron a medias. Algunas siguen ahí, como pestañas abiertas en el navegador; otras aparecerán a su momento. Todas tienen voz acá, aunque no estén bien escritas, aunque no sepan todavía qué quieren decir.

Recordemos, queridísimo lector, lo obvio pero necesario:
González existe solo si alguien escribe. Si alguien manda eso que no cabe en un trabajo final, en un post de Instagram o en una conversación de pasillo. Si alguien decide que vale la pena dejar rastro de lo pensado, lo dicho, lo hecho.

Así que sí: mándennos textos, imágenes, ideas, chismes conceptuales, quejas poéticas, teorías incomprobables, referencias pop excesivas, crítica cultural quejumbrosa y pseudoacadémica. Prometemos leerlo todo, con cariño y con criterio, y sacarlo a circular como corresponde.

Bienvenidxs al semestre. Lxs leemos.
González.


Un ensayo (por ahora) incompleto…

(Parte 1*) ST5: Byler, Mileven y el miedo a ser ‘woke’

Olivia Allende **

No, no estoy loca. No, no estoy intentando “forzar” nada. No, no tengo traumas sin resolver que esté proyectando — aunque supongo que mi psiquiatra podría estar en desacuerdo.

La temporada 5 de Stranger Things es lo que ocurre cuando los escritores de una historia no son conscientes de lo que han creado. Es una situación en verdad bastante Frankenstein-esca. Los Duffers, arrogantes como ellos solos, crearon un monstruo órdenes de magnitud más interesante e inteligente de lo que jamás planearon.

Desde el primer episodio de la primera temporada, la Trama™ se planteó como una alegoría queer, fuese o no a propósito. Véanlo así: la serie abre con la desaparición repentina de Will Byers, un niño queer en los ochentas, víctima de acoso escolar y de maltrato por parte de su padre (Joyce le dice a Hopper que Lonnie “called him a f*g” ¡en el primer episodio de la serie!).

Will es excluido por casi todos, excepto por su pequeño grupo de amigos nerds que juegan Dungeons and Dragons, entre los cuales está Mike, su mejor amigo, con quien los bullies del colegio lo jodían por ser su “pareja”. Pocas veces en la historia reciente se ha visto un personaje tan queercodeado.

Ahora, Mike Wheeler.

Cualquiera con ojos entreabiertos y media neurona puede ver que Mike también tenía su trasfondo queer. Recuerdo claramente en la primera temporada a Karen Wheeler diciéndole, sobre su relación con Will, “I want you to feel like you can talk to me. I never want you to feel like you have to hide anything from me,” y a su padre diciéndole que la desaparición de Will es “lo que le pasa a los niños como él”.

Esa es la conversación estereotípica de una madre con su hijo gay (por ejemplo en Love, Simon o The Fosters o mil otras historias cinemáticas y/o televisivas que han incluido al personaje de la madre que apoya a su hijo al salir del clóset) y la conversación del padre conservador con el hijo que está mostrando indicios de ser gay. Stranger Things utiliza ese mismo libreto para sugerir una narrativa queer sin hacerla explícita.

Byler está codificado irremediablemente en la genética de la serie. De la misma manera en que apelar a tropos del cine de horror y de misterio la vuelven una historia que opera en esos planos, apelar a estrategias narrativas de lo queer, la llevan a esa esfera — por más que el equipo de producción no la nombre como tal.

* Para consultar la segunda parte de este ensayo, lea la siguiente edición.
** Estudiante de literatura. La autora de este texto publica bajo pseudónimo; si desea ponerse en contacto con ella, escriba al correo.


la granadilla está a 19k el kilo*

Nemo

*en Alkosto al momento que sucedió esta conversación

[yo] : la granadilla es una de las mejores frutas que existen, objetivamente
[yo] : razones:
[yo] : 1. es muy rica
[yo] : 2. es fácil de abrir y de separar la cáscara de lo que se come
[yo] : 3. es difícil que salgan malas porque la cáscara es dura (no sé si esto es cierto pero lo asumo)
[yo] : 4. si se golpean por fuera no afectan la fruta por dentro
[yo] : 5. es fácil de comer, ni siquiera toca masticar
[yo] : 6. antes de comerla puedes ver bien cómo está por dentro, cosa que no puedes hacer cuando muerdes una manzana o durazno o lo que sea
[yo] : digo eso porque me acabo de comer un durazno que no estaba muy bueno en el medio
[yo]: la granadilla nunca me haría esto

[sef]: 7. Ayuda con el estreñimiento supuestamente

El recuerdo más antiguo que tengo de comerme una granadilla y disfrutarla fue en la finca de una ex novia del papá de Sef. Fue la primera y única vez que monté a caballo (no me gustó). Un día fuimos hasta una zona con árboles de granadilla, recogimos unas y las comimos ahí mismo. En algún lado hay fotos de ese exacto momento, pero mi mamá no me ha pasado el disco duro para revisar.

Sef y yo, comiendo granadillas, a los 13 años, en un lugar hermoso al que ya no tenemos acceso.