Gonzalez # 609

el amor en tiempos modernos

Angie Pepinosa
ig @estrellasfugacees

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FRASES CÉLEBRES SOBRE ARTE Y ANIMALES

A lo largo de la historia del arte, los animales han sido representados tanto como criaturas exóticas (leones, elefantes, rinocerontes) como seres cotidianos (perros, caballos, aves domésticas). Esta dualidad revela una tensión entre lo que se admira por su rareza y lo que se valora por su cercanía. El arte, entonces, se convierte en un espacio donde se negocia esa tensión: ¿qué animales merecen ser representados?, ¿cuáles son dignos de estudio o de simbolismo? Esta pregunta no es solo estética, sino también política y cultural, pues refleja qué tipo de relación se establece con la naturaleza según el contexto histórico y social. –LAURA AVELINO

Descubrir que en museos europeos se exhibían seres humanos como parte de colecciones coloniales me hizo cuestionar por qué nos parece inaceptable hacerlo con personas, pero normal con animales. Esa práctica revela una lógica de dominación basada en la idea de superioridad frente a “lo otro”, ya sea otra cultura o especie. Al reflexionar sobre mi propia experiencia en zoológicos, entendí que yo también había naturalizado esa jerarquía, sin considerar que encerrar animales por entretenimiento es una forma de violencia real y simbólica. Este choque ético me llevó a replantear cómo el arte, la ciencia y la cultura han contribuido a justificar el especismo, y cómo podemos empezar a desmantelarlo desde la conciencia. –LAURA AVELINO

Muchos animales usan colores, cantos o danzas que no sirven para sobrevivir, sino para impresionar o atraer. Yo veo ahí una forma de arte natural. Pienso que, si aceptamos como arte nuestras danzas rituales o cantos de cortejo, no deberíamos negar que lo que hacen algunos animales también es arte. –JOHAN FELIPE BERNAL

Las obras de Pisanello reflejan el tránsito entre la Edad Media y el Renacimiento, donde lo simbólico convive con lo naturalista. Para mí, sus retratos y la gran cantidad de detalles muestran más que un tipo de estilo, reflejan elegancia y apreciación. Pisanello nos revela cómo el arte de detallar y de expresar es un espejo de poder y belleza, pero también un testimonio de la fragilidad humana frente al paso del tiempo. –VALERIA BUELVAS

Los jardines zoológicos, desde Versalles en el siglo XVII hasta Londres en el XIX, representan el deseo humano de coleccionar y exhibir lo animal. Más allá del entretenimiento, expresan una forma de dominación intelectual y política sobre la naturaleza. –DANIEL CÁCERES

Los animales en los zoológicos son despojados de su identidad, de su función y agencia en el ecosistema. No viven lo mismo que el resto de su especie, al estar neutralizados como John Berger argumenta, no tienen la necesidad de sobrevivir, pierden su lado salvaje. Lo que, a su vez, distorsiona el concepto que estos espacios artificiales dejan al espectador sobre la realidad de la especie. –MARIAJOSÉ CASTAÑEDA

Una comparación entre ciencia y arte es hablar de progreso. En la ciencia sí se puede hablar de progreso, entendido como una evolución en la que se descubren nuevos métodos, teorías más eficaces y verdades más cercanas a lo real. Pero decir que el arte progresa es erróneo, porque la historia del arte no es lineal. El arte contemporáneo no es mejor que el clásico solo por venir después; cada época tiene expresiones distintas que responden a sus propios contextos, no hay un mejor y un peor temporal. –EMMANUEL CUBILLOS

Nombrar las cosas es hacerlas existir y darles un propósito. El humano, en su afán de saber y dominar, decidió nombrar a los animales y darles ciertas características. Más que un dominio físico, es un dominio intelectual: nombrar también es dar existencia dentro de la mente y de la cultura. El acto de poner un nombre es una forma de apropiarse del mundo, pero también de crearlo. Es dominarlo de manera intelectual. –EMMANUEL CUBILLOS

El arte y la ciencia son de carácter exhibitivo. Esto, puesto que mientras la ciencia necesita ser comprobada a causa de sus cualidades numéricas y racionales, el arte debe de ser apreciado de algún modo u otro, puesto que esta es su razón de existir. –TOMÁS MANOLO GALINDO

El uso de animales muertos en el arte ha sido una herramienta para ayudarnos como humanos a entender no solo que la muerte es parte de nuestro camino, sino cuán importante es la vida, la naturaleza y la fragilidad de estas mismas siempre y cuando se haga de forma consciente y respetuosa. –TOMÁS MANOLO GALINDO

La práctica de exhibir animales embalsamados en museos nace del afán ilustrado de clasificar y poseer el conocimiento natural. Pero estos cuerpos inmóviles también revelan una mirada humana que transforma al animal en objeto. Revela la forma en que el ser humano intenta dominar y estetizar la naturaleza. El animal embalsamado es una paradoja: parece vivo, pero está muerto; se muestra natural, pero es artificial. En el arte contemporáneo, esta imagen se convierte en una crítica a la relación humana con el entorno, a la vez de exposición y control. –LAURA ALEJANDRA GARCÍA

El sacrificio ritual de animales ha sido una práctica común en culturas antiguas como la griega, la hebrea o la azteca, con un fuerte componente simbólico. En el arte, estas escenas oscilan entre la devoción y la violencia. Muestran al animal como mediador entre el hombre y lo divino. Estas imágenes abren preguntas sobre el valor de la vida, el poder humano sobre otras especies y la función del arte como testigo o cómplice. –LAURA ALEJANDRA GARCÍA

El Génesis consagra la superioridad del hombre sobre los animales, pero artistas actuales como Cai Guo-Qiang la cuestionan, representándolos como víctimas de la modernidad. –SAMUEL JARAMILLO

A diferencia de la mayoría de las especies, los seres humanos tenemos los genitales más visibles. Esta característica se relaciona con un rasgo exclusivo de nuestra especie: la vergüenza. Tal sentimiento surge al reconocernos como posibles objetos de deseo. En la tradición bíblica, Adán y Eva simbolizan ese despertar de la conciencia al representarse ocultando sus genitales con hojas. –MIGUEL ÁNGEL HUERTAS

La ciencia moderna pasó de coleccionar animales en zoos reales a clasificarlos en sistemas abstractos (de Gesner y Linneo a Darwin); el animal se convirtió en objeto de estudio y control. –SAMUEL JARAMILLO

Artistas contemporáneos como Mark Dion o Marcel Broodthaers exponen la artificialidad de nuestras colecciones y museos. Ellos ilustran cómo los animales han sido domesticados como historias antes de ser reconocidos como seres vivos. Sus piezas exploran la línea entre conocimiento y representación cultural. –SAMUEL JARAMILLO

Desde los bisontes de Altamira hasta los actuales proyectos transgénicos, el animal en el arte ha servido para pensar la vida y la muerte. Estas imágenes, dispares en tiempo y apariencia, tienen en común la intención de encontrarle sentido a través de lo no humano. El animal es un intermediario entre lo terrestre y lo celestial. –SAMUEL JARAMILLO

El colonialismo y el capitalismo están directamente relacionados con las formas en que percibimos a los animales y los consumimos. Comer productos cárnicos o utilizar pieles en la vestimenta no necesariamente son prácticas poco éticas en las que se desvaloriza la vida: para algunas culturas indígenas, como los Inuit, la caza es sagrada e implica un profundo respeto hacia los espíritus de los animales y de la naturaleza (además, utilizan todas las partes del ser que ha sido cazado para mantener el equilibrio). El problema, entonces, son las formas de producción y consumo masivos, que no permiten que los animales tengan una vida digna, sino que los reducen a meros productos explotables para el uso humano. –ANA SOFÍA JIMÉNEZ

Los zoológicos modernos son históricamente relacionados con el coleccionismo aristocrático y eso resulta problemático porque de alguna forma, como sociedad contemporánea interpretamos la exhibición animal como entretenimiento educativo cuando en realidad perpetuamos la instrumentalización de la naturaleza. –SARA LONDOÑO

Usar animales en obras de arte: La obra de arte nos obliga a mirar. Nos quita la máscara de la indiferencia, un animal en una obra de arte es un espejo que nos muestra nuestra propia hipocresía. Nos reta a enfrentar una vida que existió, un sufrimiento que tal vez no vimos y una realidad que preferimos evitar. –ALEJANDRA LUGO

Sistema de clasificación: Jorge Luis Borges ironiza sobre los sistemas de clasificación en “El lenguaje analítico de John Wilkins”: al nombrar categorías absurdas, como: pertenecientes al emperador o animales que acaban de romper un jarrón, lo cual pone en evidencia la arbitrariedad cultural del orden que damos al mundo. –ALEJANDRA LUGO

Si aceptamos el arte humano ligado al cortejo, debemos aceptar el animal también. –KARLA ROMERO

Cuando el humano pinta a los animales se separa de ellos porque entonces los traduce a símbolos. Los ordena según su visión, según su punto de vista. Los hace suyos para entender e interpretar. –ISABELLA PIMIENTA

Tigres, toros o águilas en logos deportivos refuerzan identidades colectivas convirtiendo a los animales en tótems contemporáneos. Se trata de una actualización de lo arquetípico, del animal cazado en la prehistoria al animal como emblema de fuerza grupal. –KATHERINE BIELOSTOTZKY

El artista que trabaja con la muerte animal no profana, sino que consagra. Sus manos transforman la rigidez cadavérica en poesía táctil, convirtiendo pieles, huesos y vísceras en testimonios eternos de lo que una vez fue palpitante. Estas obras nos confrontan con nuestra propia mortalidad mientras celebran la belleza inherente en la descomposición y la transformación. El ciervo disecado, el pájaro embalsamado o los órganos preservados en formol se convierten en reliquias contemporáneas que

desafían nuestras nociones sanitizadas sobre la muerte, recordándonos que el arte siempre ha sido, en esencia, un intento de dar permanencia a lo efímero. –ASHLY MENDOZA

El arte como espina clavada: El verdadero arte nunca consuela; araña, perturba, despierta. Como una astilla bajo la piel de la conciencia colectiva, el arte genuino rechaza la comodidad del consenso para instalarse en el territorio incómodo de las preguntas sin respuesta. Es un espejo deformante que refleja nuestras hipocresías, un bisturí que abre las heridas que preferimos mantener cerradas. Cuando el arte cumple su función más noble, no ofrece respuestas fáciles, sino que multiplica las interrogantes, obligándonos a cuestionar nuestras certezas más arraigadas y a enfrentar las sombras que proyectamos cuando creemos estar en la luz. –ASHLY MENDOZA

La obra Génesis de Eduardo Kac me deja pensando si en realidad no era tanto un experimento científico como un espejo cultural. Quizás el verdadero objetivo era que nos incomodara y nos obligara a pensar en cómo usamos la ciencia para justificar deseos humanos. –LAURA PEÑA

La polémica en torno al uso de animales muertos en el arte contemporáneo revela una tensión irresuelta entre estética y ética, donde el gesto artístico se legitima como provocación, pero también cuestiona hasta qué punto la creación puede instrumentalizar la vida. –MARÍA CAMILA SILVA

El rinoceronte de Durero nunca existió como él lo dibujó: era producto de relatos fragmentados y descripciones a distancia. Y, sin embargo, se convirtió en la imagen más real de lo irreal. La obra muestra que el arte no necesita precisión para ser verdad, porque la imaginación a veces documenta mejor que la observación. Ese animal imposible es símbolo de cómo Europa fabricaba monstruos a partir de rumores, y de cómo el error puede convertirse en icono. –SAMUEL ESTEBAN RODRÍGUEZ

La corrida de toros es un escenario donde el arte se mezcla con la violencia: el ruedo se convierte en un templo en el que lo sublime y lo cruel bailan bajo el mismo sol. El toro muere dos veces, una en el filo de la espada y otra en la mirada del espectador que decide llamarlo arte, porque en ese instante la sangre se vuelve símbolo y el dolor adquiere una estética incómoda. Así, los límites del arte se tensan: si el sufrimiento puede ser bello, la ética queda relegada a un espectador mudo sentado en la última fila. –SAMUEL ESTEBAN RODRÍGUEZ

No todo arte humano tiene símbolos, tampoco necesita tenerlos el animal. –KARLA ROMERO

El sentido del arte depende de quién lo mira y desde dónde mira, Una obra no “dice” una sola cosa: ofrece pistas que cada espectador activa con su historia, valores y contexto. Un niño frente al cuarto de dinosaurios ve juego y asombro; un paleontólogo, divulgación edulcorada; un crítico, domesticación de lo salvaje. El muro de cacerías puede ser memoria familiar para quien heredó esas escenas, estetización de la violencia para un animalista, o archivo visual para un historiador. –SANTIAGO TORRES

El animal disecado en museos de historia natural oscila entre ciencia y arte: conserva la forma de la vida, pero la vacía de su vitalidad. Es una imagen congelada que dramatiza la tensión entre conocimiento y pérdida. –ÁLVARO REMOLINA

La domesticación de animales puede leerse como el primer gesto artístico de la humanidad sobre la naturaleza: no se trata de representar, sino de moldear la vida misma como materia simbólica. –ÁLVARO REMOLINA


we are therians we carry the flame

Fosía Veyla

Hace unas dos o tres semanas cada vez que entraba a cualquier red social caía en un vórtice que me succionaba las pocas ganas que me quedaban de vivir en esta línea temporal. Mi feed estaba saturado de “reels” sobre las atrocidades cometidas en la famosa isla de Epstein. Vídeos breves que, más que ofrecer información clara, daban datos mínimos diseñados para provocarme terror. Entre más quería saber, menos entendía, pero la repetición del tema me tenía atrapada.

Luego llegó el Super Bowl, en el que se presentó Bad Bunny, y todo lo anteriormente mencionado fue reemplazado por mensajes de odio (y amor) hacia Benito y Latinoamérica. Personas con grandes plataformas expresaron sus opiniones, las cuales sobraban teniendo en cuenta la carencia de interés por los temas de los cuales opinaban. Los prejuicios de los gringos (especialmente del sector MAGA) invadieron mi pantalla y me provocaron unas inmensas ganas de volverme a dormir.

Dos lados, frente a frente: quienes exigían justicia para las víctimas y quienes defienden al actual presidente de los Estados Unidos; quienes celebraban el show de medio tiempo por reconocer al resto de América más allá de USA, y quienes llamaban a Benito “fake American citizen”.

De repente, todo eso desapareció de mi feed nuevamente y fue reemplazado por lo que parecía ser el peor de los males. Aquello que piensa acabar con la humanidad y merece toda nuestra atención y reprimendas: los therians.

Al principio me reí por lo absurdo de la situación. Luego ya no me daba risa. Parecía ser un simple “meme”, pero la saturación del tema y la violencia en las redes me bajaron el ánimo. Prefiero pensar que lo que nos une como comunidad es la risa, pero esa idea, realísticamente, es solo otra demostración de mi ingenuidad. Lo que realmente nos une es un sentido compartido de superioridad frente a aquello que etiquetamos como “cringe”. Vi a las comunidades de internet mucho más unidas burlándose de los therians que defendiendo a personas víctimas de abuso, racismo y/o xenofobia.

Decidí darle dos interpretaciones: la primera, una forma de escapismo, estamos cansados de sentir odio justificado y tener charlas incómodas, así que inventamos un problema que equivale a nada. La segunda es que el odio simplemente nos mueve más a los humanos, y preferimos dirigirlo hacia cosas banales para evitar incomodarnos.

El 18 de febrero de 2026, la plaza del Bobo, en la Universidad de los Andes, se llenó de cabezas, todos esperando ver a un grupo hipotético de personas creyéndose perros. Yo estaba allí, movida por la curiosidad, siendo parte del problema. Lo que escuché a mi alrededor fueron comentarios cargados de desprecio hacia personas que no sabíamos si eran reales, o solo una broma más del internet.
Está bien reírse de vez en cuando, la vida no tendría sentido si no fuera por el humor, pero las amenazas al aire de parte de uniandinos, probablemente inseguros y algo miserables,  solo me hicieron sentir indispuesta.

De un lado más conspiranoico, hablando con una amiga en un estado somnoliento decidimos que todo lo de los therians era una cortina de humo. Que el algoritmo como tal estaba recomendando más sobre el tema aprovechándose de lo bizarro de la situación para que aquellos con más poder puedan escaparse de puntitas y esconderse tras un telón. Y que a nosotros se nos olvide, o peor aún, que lo normalicemos y volvamos al estatus quo donde solo aceptamos una realidad precaria, cuando deberíamos seguir insistiendo por donde se pueda.

Y es así que vuelvo a mi ingenuidad, rozando la hipocresía, ya que ignorar las cosas y a la gente se me da muy bien. Es algo que me han enseñado, y que todos hemos estado aprendiendo de forma impuesta, disfrazada de un instinto de conservación moderno.

En el bus de vuelta a mi casa escuché de forma disimulada la conversación de dos personas. Según entendí, citando un comentario en redes sociales:

“lo que une a los uniandinos es el odio”

Nuevamente la universidad lo hizo. Una representación en diminuto de lo que somos. De cómo somos. De cómo actuamos. De cómo nos mezclamos con el resto. De lo insoportables que somos, y con “somos” me refiero a TODOS nosotros. Más allá de los torniquetes y la estación de universidades.