González #617

Creo que no hago “obra”

Nemo

Énfasis en las comillas. Definitivamente no soy artista de “galería”. Siempre lo he pensado, pero nunca había sido más obvio que cuando entré a leer las condiciones y requisitos para participar en la convocatoria de Artecámara.

Presentar tres (3) obras de portafolio…” “Ficha técnica que especifique: título, año de realización, formato o técnica y dimensiones.”

Entonces recordé por qué en estos casi 5 años nunca participé en ninguna convocatoria del tipo galería. Por qué nunca me he sentido conectade a ellas.

En toda mi carrera solamente hice 4 obras con ficha técnica. En prácticas de lo público, interáreas, el avanzado de plásticas, y finalmente en mi proyecto de grado. Hubo exposiciones colectivas en las que mis proyectos eran categorizados inherentemente como “obras”, por ser parte de ellas. No me molesta, me halaga, pero si de mí dependiera, mi tesis no hubiera necesitado ficha técnica, hubiera sido una publicación independiente, fuera de la exposición, algo distinto hubiera resuelto. Incluso si eso le quitaba el derecho a ser llamada obra.

Pero a todas estas, ¿qué significa realmente hacer obra?
Crear un arte con el objetivo de exponerlo en una galería…?
…de venderlo…?
…de publicarlo…?
…de construir vínculos sociales…?
…de gustar a un público amplio…?
El problema comienza incluso en la definición de arte, que ya llevamos siglos peleando.

¿Será que hacer obra también puede significar dibujar todo el día en mis libretas? ¿puede ser fanart? ¿pueden ser piezas utilitarias de cerámica? ¿modificar la ropa, coserla, bordarla? ¿puede ser el arte que hago por mí, que solamente ven mis amigues más cercanxs? ¿y los que nunca le muestro a nadie? ¿puede ser lo que dibujo a veces en el tablerito de la nevera? ¿una foto cualquiera, tomada con una cámara del 2010 que tiene muy baja calidad? ¿puede ser un rayón sútil en la calle? ¿y los papeles que he pegado en la calle? ¿los textos que escribo que no mando al González porque me dan pena? ¿mi colección de elefantes, mis playlists, mi colección de recibos, pueden ser curadurías?

Para mí, todo lo anterior es arte. De alguna forma. El problema es:

¿Qué tan público, qué tan profesional, qué tan pulido, qué tan “vendible”, qué tan importante debe ser lo que hago para que obtenga el título de obra?

Luego, ¿quién lo decide? ¿importa quién lo decida? ¿puedo yo decidirlo para mí, o debe alguien de cierta autoridad estar de acuerdo conmigo? ¿puedo decidirlo para alguien más?

Y lo más importante, ¿necesita ser obra? Quizás mi arte no lo requiere para ser valioso, digno, importante. Pero tampoco se nos habla tanto de los espacios en los que el arte no necesita ser “obra” para ser considerado arte de verdad. Y a la vez, no nos enseñan cómo hacer funcionar como “obra” algo que desde su concepción no es considerado como tal.

La visión del arte que me insistió la universidad (e imagino que la mayoría de universidades son igual) es que el objetivo principal es la galería, la exposición. No porque me lo dijeran directamente, aunque a veces sí, pero porque los consejos, críticas, y demás, fueron en su mayoría dirigidos a ese objetivo. Quizás inconscientemente a veces. Agradezco a los profesores que me convencieron de que hay muchos otros caminos y que me enseñaron sobre el mundo editorial y el universo de las ferias independientes. Sin embargo, los talleres importantes, esos que son como hitos para un estudiante de este departamento, terminaron siempre con una exposición, siempre exigiendo proyectos que puedan ser expuestos, que puedan ser considerados obras de exposición.

No solo esto, pero también existe una obsesión extraña con el tamaño y el medio de las piezas. Que entre más grande mejor, más valioso, más difícil. Que por qué no hago esculturas gigantes de hongos en vez de pintar, que si voy a pintar que entonces sea una pintura de verdad en óleo sobre lienzo, que si acepto pintar pero en acrílico entonces los lienzos deben ser grandes además de ser varios. Y la verdad es que yo ni siquiera quería pintar en primer lugar, en ese momento yo sólo quería hacer dibujos en papel que luego terminaría en digital, pero entonces dicen que si es digital eso es de medios, no de plásticas, que más bien debí ver el énfasis de integradas si iba a ponerme a mezclar las cosas. Gracias nuevopensum por eliminar los énfasis y ofrecer líneas sueltas directamente, aunque sea muy tarde para mí.

En una ocasión anterior, mi proyecto final para un taller importante fue una primera versión de lo que terminó siendo mi tesis. Un prototipo, muy básico si lo comparo con lo que logré ahora, pero hecho con mucho menos tiempo, y cuyo resultado todavía me gusta. Fue entonces también un libro. La retroalimentación que recibí tras la exposición fue más que decepcionante. Parece ser que un libro no tiene lugar en una exposición de arte, porque es algo “de feria” (y eso, al parecer, es malo). Parece ser que recopilar ilustraciones en un libro, con toda una narrativa y ficción acompañándolas, no es suficiente para una exposición de arte, debí haber impreso los dibujos en un tamaño grande, enmarcarlos, y colgarlos en el muro. Parece que si mi arte no puede ser apreciado conjuntamente por muchas personas al mismo tiempo, es menos válida. Que si quiero que cada persona se siente a leer y mirar no estoy haciendo bien eso de la galería. ¿Qué dijeron ellos de mi técnica de dibujo, de la narrativa, de la diagramación, de los creativos diseños de creaturas, de mi fascinación con los hongos? Nada. Que muy bonito el libro y todo pero que por qué tenía que ser un libro.

¿Cómo esperaban que crezca en esta carrera si la más esencial base de mi arte no estaba siendo comprendida ni respetada? Curiosamente, una persona que también ha hecho libros fue la única en defender mi trabajo en ese momento. Comprendió el significa del libro como objeto, como obra que se sostiene por sí misma, como obra que tiene un valor igual al de las obras que son más “dignas” y “apropiadas” para una galería.

Siento que mi proyecto de grado es la única Obra con mayúscula y así en itálica que tengo para ser presentada en una galería. Y aún así, creo que no quiero que ese proyecto se encuentre en una exposición de galería tradicional. No siento que pertenezca ahí, y no es sólo por los prejuicios que me han inculcado sobre el tipo de cosas que hago.

Creo que no me importa que mi arte no sea obra, o que mi obra no sea considerada tal para la mayoría. Me gusta la publicación, me gustan los libros, las gráficas, los cómics, la narración visual, los stickers y los posters, y sí, me gustan las ferias y quiero que mi arte se encuentre en ellas.

Cuando reflexioné esto con Sandra, me invitó a que fuéramos a ver la expo editorial de Artbo. No era muy consciente de su existencia ni tengo idea de cómo se suele participar. No creo que sea coincidencia que se hable menos de este tipo de espacios, a diferencia de los más “clásicos”. Y poco después, como un ángel caído del cielo, se apareció Miko con una propuesta de feria geek para estudiantes, un espacio de cierta forma académico validando espacios que suelen ser vistos como inferiores. Siento que nunca antes había sentido tanta motivación de mover mi arte hacia donde realmente la quiero mover.