Gonzalez #615

Carta de amor: De mi, para ti
Si es que tú eres quien lee, y yo soy

Agarro una oportunidad y le empujo los ojos hacia adentro. Alejo un
nombre y me lo devuelven con aún más impulso. Parece que se me
devuelven mis malos actos, y luego recuerdo que estos evolucionaron
de infortunios. De nombres grises y perdones sosos. De sonreír y no
jurarse nada.
Si estuviera contando un cuento sería lindo y apastelado, rugiendo
por lo bello para encontrarme conmigo misma y acumularse a mi
lado sin ropa y con alma. Pero lo bello parecía maldito, y ahora solo
pienso en la muerte y la perdición.
¿Acaso creo en jurarme amor eterno al pasar al otro lado? ¿A que más
allá de mi cuerpo, se me muera lo que más llevé dentro y todo aquello
que alguna vez me ejemplificó? ¿Alguna vez alguien se preguntó qué
conseguí de mí misma esas noches que me juré infinitud?
Como a esa ave que murió, y al conseguir la muerte adaptó la eterni-
dad. Quizá eso es lo que realmente significa la paz, desearle la muerte
al espejo solo para deshacerme de un propósito que alguien alguna
vez me impuso y dejar la silla vacía para que alguien con más talento
y ansias de escalar la vida se siente.
Si fuera un soplo, un viento constante, un huracán, ¿habría alguna
diferencia? O solo es el nombre, la mirada, lo mucho que te aterra
estar amarrado a un pasado que se niega a sí mismo.
Si una luna cayera encima mío, dejaría que mi sangre corra al lado
oscuro, que se olviden de mi piel y de mi nombre, de la tierra que pisé
y a todos que alguna vez juraron conocerla.
Si nadie entiende cuando hablo, cuando respiro o cuando pulso, si
nadie comprende algún llamado, ¿eso es culpa mía o culpa del resto
del mundo? Nadie lee con los ojos, solo caminan sobre lo ya vivido,
se involucran en las palabras sin conocer sus movimientos previos,
se desafían entre todos y luego al final todo siempre recae en eso que
llamamos prohibido.
Alguna vez pensé en que estos senderos nunca fueron mi fuerte ni
ayudaron a negociar mis instancias, y que el mundo no me compren-
de porque no dejo que descifren las letras que lloran de mi fondo.
Si eso que prohíbo me descontenta, y nadie ofrece leer entre raíces
o contemplar lo mencionado, entonces ya no tengo por qué estar
ocultando algo tan frío y desalmado como es el mundo que me toca
cuando ni lo he llamado.
Alguna vez quise ser ceramista, pero me lo han negado. Como si
pudiera definirme como artista conceptual, solo porque estos edifi-
cios dicen que me conviene. No estaré vendiendo ideas, siento que ya
le vendí mi alma a la impotencia, y si pido piedad ante todos aquellos
que llamaré ustedes preferiré no volver a disculparme. Nunca, nunca.
Me asomaré a la hipérbole de lo miserable, mientras me insisten que
no me falta nada, que la vida mía es buena y el agobio es cálido. Que
la distancia es agradable porque yo la he creado, y si construyo algo
debo de estar satisfecha. Alguna vez alguien querrá preguntarme por
una idea, o algo que pasó y dejé que pasara. Alguna vez alguien me
dejará morir en paz. Como ese pájaro que enterré algún tiempo atrás.
Como me agrada contar cuentos, contaré alguno otro.
Bajo la superficie del agua, sobre las nubes coladas, nace una estatua
que apareció cayendo y caerá hasta el final de sus días. Nunca tocará
el suelo, nunca llegará al paraíso. Solo conoce el miedo y el vértigo
constante. Nunca estará afín al barro.
Cuanto los odio. A la tierra, a la luz, al agua. A todo lo que está he-
cho de roca y todo lo que fue demolido por las olas. Alguna vez fui
nombre, pez, de preguntas y abrazos. Ahora solo quiero un fallo y
una grieta, que se agarre a pedazos y devore las fibras de lo que me ha
costado. Que se entere de lo duro que ha sido no haber rendido ante el
caos, de todo eso que se dicen y nunca han jurado. De la vida. De toda
la vida que dicen vivir.
Y todo el resentimiento que cuela de mis brazos cuando corro juran-
do que el cielo caerá sobre todos nosotros y el odio que se esparce y
nunca se cuestiona, aunque todos lo conocemos, se abre paso para
convertirnos en carne y hueso y odio y odio y más odio. Molerse ante
lo sereno.
Nadie nunca comprende la genialidad de lo absurdo. Nadie nunca ha
hablado de verdad en esta pecera, jaula, cárcel donde uno aprende a
odiarse a sí mismo y al resto.

Desde que decidí llegar sin ser invitada, solo por algo que alguna vez
me prometieron al no ser similar a un reflejo, me vi con la posibilidad
de tener algo bueno. Fue una promesa, nunca me lo he inventado.
Ahora que concluyo con las paredes me dan ganas de concluir con
todo el resto, de ser ave de ser pájaro. De librarme a lo eterno y no
pensar en la tierra desperdiciada al no ser acariciada con mis manos
mugrientas, indignas de crear aquello que me prometieron sería mío.
Felicidades a todos los que dicen ser lo que alguna vez quisieron.
Los aborrezco.

-Sef y Sofía Leyva

Textos de media noche…

Sé que las palabras abundan para describir lo que me haces sentir,
el problema es que por más que encuentre palabras ninguna de ellas
tiene sentido para ti y no te culpo… quizás sea producto de la ilusión
que me hace adornar pequeñas cosas para pintártelas como si fuera
los mejores cuadros de una galería, galería que se ha quedado vacía al
no tener ningún espectador, puedes envolverme con tus falsas visitas
en mi galería, pero en el fondo de los pasillos la incertidumbre viene
cuando solo te acercas en la noche donde nadie juzgara tu pensa-
miento o al menos eso veo al cerrar mi galería.
Y es al cerrarla cuando la noche se vuelve densa y oscura, quitándome
el sueño además de la fuerza de voluntad y caigo a tus pies de nuevo,
pensando quizás que me visitaras de nuevo trayéndome las estrellas
en mi cielo, ya que solo se encuentra la luna rodeada de oscuridad
pura, oscuridad que no se ilumina con tu recuerdo ya que solo vienes
por quizás mi cuerpo y es cuando comprendo que talvez tus palabras
tenían algo de cierto, al momento de conocer la verdad… Ahora mi
galería se encuentra bajo un supuesto burdel donde el único especta-
dor deja de ver mis obras para solo verme a mí.
Tal vez merezca que mi cielo no tenga estrellas o que mi galería esté
vacía, en cualquier caso, vuelve a invadirme la melancolía, melancolía
que a pesar de ser culpable quiero salir viva, con el corazón a medias
o probablemente en migas …
Quizás jamás te dije que me aficionaba la poesía, ya que es un respiro
del alma cuando ya no tienes salidas, salidas que se vuelven lejanas
como lo hace tu mirar, pues sé que estas palabras solo serán palabras
vacías y nada más, ojalá pudiera tener otro tema del cual pueda escri-
bir, pero como antes lo mencione eres tú el que da vueltas en mi cabe-
za haciéndome revivir una y otra vez aquel momento, momento que
quizás fueron tus palabras cargadas de decepción y odio, que al igual
que tu presencia abundan en mi conciencia y no me dejan dormir.
Quizás es ese insomnio del cual soy prisionera, sea el culpable de que
mis mañanas no sean placenteras como al igual sé que eres prisionero
de las desgracias que he traído a tu vida, desgracias que si pudiera
regresaría en el tiempo lo haría, para que tu vida fuera más amena o
por lo menos sin tantas mentiras…
Mentiras que cultive en una tierra sana y fértil como lo era tu cora-
zón, pero ya es tarde para añorar ese dulce corazón si es por mí que
se ha vuelto piedra, ahora entiendo que por más intente demostrarte
mi amor ya sea con una poesía como esta, un dibujo o una canción
seguirá siendo de piedra, y es por eso que entre tantas letras quiero
darte paz sin tantas tormentas, dejando tu campo libre para que vuel-
va a ser fértil, aunque ya no sea yo quien lo cosecha..

-Laura Ardila