González #184

(…) Pero de vez en cuando venía la inquietud insoportable: querer entender lo suficiente para al menos tener más conciencia de aquello que no entendía. Aunque en el fondo no quisiera comprender. Sabía que aquello era imposible y todas las veces había pensado que si había comprendido era por haber comprendido mal. Comprender era siempre un error —prefería la vastedad amplia y libre y sin errores del no-entender. Era malo, pero, al menos, se sabía que se estaba en plena condición humana. (…)

—Aprendizaje o el libro de los placeres

Clarice Lispector