

Sin aparecer en público
Julián S.
Recuerdo lo que un profesor de religión, que enseñaba clase de ética, nos dijo un día antes del examen final en grado séptimo: “mucho cuidado con hacer copia… eso es éticamente incorrecto”. Eso ético que se deja en los anexos de la mayoría de las tesis, eso ético que viene en recursos humanos una vez al semestre a ofrecer charlas motivadoras, eso ético desdibujado bajo la lluvia del “enemigo”; eso ético que poco se ve. Una semana ha transcurrido desde el desafortunado terremoto que sacudió a Colombia. Rechazamos ayudas internacionales por ideologizar lo éticamente correcto. “Informamos” en el “terreno” para revictimizar con preguntas improvisadas en una libreta marcada con algún ministerio. Comunicamos desde el ruido para que la misma persona que ha quedado en silencio continúe en el silencio porque el video no puede durar más de un minuto; comercializadores del tiempo.
No es lo mismo ayudar bajo las cámaras que ayudar hacia las cámaras. Anhelamos la Kino-Glaz para no decorar las escenas, pero nos demoramos más en la escritura del guion que haciendo realidad el guion. Fachadas de atención y delirios comunicacionales para vivir por la aprobación del otro/a. Mas la esencia es sonreír y derramar de vez en cuando lágrimas como quien hace muecas a un niño para provocar el llanto. Como si el juego fuera aparecer cuando la apariencia es satisfactoriamente perfecta. Un guiño. Un filtro. Un buen editor/a en posproducción. Vatos números y llaves circulan para ofrecer ayudas y la ayuda está en pendientes durante cinco gobiernos. Si no fuera por las manos que aplauden cada vez que un camión sale, no habría país al que aplaudir.
Y el profesor continuó su discurso, pues para el examen no necesitaba toda la clase: “Si no estudiaron, se pueden salir del salón. Uno no aprende la ética en un día”. Nadie se atrevió a pararse de su asiento y salir, éramos muy niños para ser tan rebeldes y muy poco sinceros para reconocer que casi nadie había estudiado. Y así como la ética no se aprende en un libro, tampoco la acción de ayudar se aprende bajo un dedo que baja y sube; que desplaza y cree que conecta; que aprende y olvida al instante. Porque no hay que saber ayudar para querer ayudar. Porque el problema no es el delirio de ayuda y de superioridad, sino los que consienten su actuar. Víctimas de apologías numéricas.
No es que haya muchos recuerdos del discurso del profesor porque fue hace muchos años. Habló un poco sobre reflexionar qué era mirar al otro/a y no perjudicarlo, sobre pedir permiso y perdón, sobre cuidar cada ser o no ser que nos rodea. Y así las buenas prácticas se contagian sin aceptar ningunos términos ni condiciones. Así se ve cuando alguien sonríe porque recuperó algún archivo bajo los escombros. Así se siente escuchar a los demás más allá de escucharse a uno mismo. Y después de una charla de media hora o cuarenta minutos sobre lo éticamente incorrecto el profesor no hizo el examen. Vio en nosotros, unos niños, que se estaba forjando la ética y que no necesitaba una hoja de opción múltiple. Ahí aprendimos a escuchar y a ayudar. Sé que ustedes y yo estamos agradecidos por tantas manos anónimas que, desde el lunes 10 de agosto, están en lo público sin aparecer en el público.
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Toys, 1992
Protagonizada por Robin Williams, esta película trata de una compañía de juguetes que, tras la muerte de su propietario, es heredada a un general del ejército que no sabe (ni le interesa saber) nada sobre fabricación de juguetes. Comienza a utilizar las intalaciones para crear “juguetes” de guerra. El hijo del anterior propietario (acá entra Robin Williams), que yo describo como “demasiado whimsical y silly para este mundo” no está de acuerdo con el cambio en el manejo de la fábrica y cuando descubre lo que está haciendo el general, tiene que detenerlo. La película es extraña y la vi con mal sonido y subtítulos muy atrasados, pero lo que me atrapó fueron los escenarios dreamcore weirdcore, todos hechos con efectos prácticos. En su momento la película fue un fracaso mundial, pero la recomiendo porque visualmente es muy linda e interesante, y porque me reí.